
Mi corazón se abrió
ante tanta dulzura,
Y confiadamente, con
resplandor de fuego,
Se abrió ante mí
esplendente tu perfecta ternura,
Que arrebató mi alma
y me trajo el sosiego.
Nunca jamás creyera,
María bella y pura,
Que de tanta delicia
podía beber luego,
Cuando mi
sentimiento desprendido de agrura
Saboreó momentos que
vencieron mi ego.
Y ahora en la
esperanza de redención segura,
En un mar de cordura
con deleite navego
Y ya me regocijo en
tu celeste albura.
De mi yermo pasado,
ni pienso, ni lo niego,
Porque ya se ha
borrado esa semilla oscura,
De mis negros
pecados, cuando era un triste ciego.
AMDG
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